Un sueño hecho realidad

Después de muchos años siguiendo y amando al Leeds United desde bien lejos, tuve la oportunidad de ir a Elland Road. Llevaba años queriendo ir al templo white, quería hacer realidad uno de mis sueños y por fin lo he conseguido. Dolió el resultado pero lo que viví en Elland Road durante el encuentro ante el Millwall fue absolutamente mágico.

Mereció la pena las tres horas de avión, aguantar el frío y la lluvia que durante estos días me han acompañado en tierras británicas. Pude comprobar de buena mano, como es un día de partido en Leeds, como una ciudad se vuelca de una manera tan brutal con su equipo y que a pesar que la división en la que milita el Leeds es la Championship, me quedó bien claro que su afición es de Champions.

Siempre bien acompañado, primero por mi gran amigo Luis, que a pesar de no ser aficionado del Leeds, quiso acompañarme en esta aventura y en segundo lugar y no menos importante, Martin, el cual me ayudó mucho con el tema de la entrada y me enseñó cómo se vive una previa en un partido del Leeds. Desde bien temprano, el centro de la ciudad se llena de aficionados whites, que van dando calor a las calles y a los bares, buscando animar la fiesta desde primeras horas del día. Un punto claro de encuentro es el Scarbrough en pleno corazón de Leeds y no puede faltar una cerveza bien fría acompañado del típico Pork Pie.

Conforme se acercaba el momento del partido, más nervioso me ponía. El gusanillo de las grandes citas. La mejor manera de ir a Elland Road es en autobús, que va directo al estadio donde los hinchas empiezan a cantar y a animar. Tras la llegada al imponente estadio white, hay que hacer una parado obligatoria en el The Old Peacock, donde solo pueden acceder hinchas del Leeds. Un ambiente ídilico, da igual de donde vengas, ya que todos somos como hermanos defendiendo nuestros colores.

Tras la espera eterna, llegó la hora de entrar al estadio. Quedan escasos minutos para que empiece el encuentro mientras más de 33.000 espectadores animaban dentro del estadio. El encuentro comenzó con tintes dramáticos, ya que al descanso el encuentro iba cero a dos favorable al Millwall y el Leeds con un hombre menos. Recuerdo, que Martin con una medio sonrisa comentó “Esto es el Leeds”.

Lo que yo no me esperaba, bueno ni yo ni nadie era lo que iba a ocurrir, la locura más absoluta con una remontada épica. En la primera jugada del segundo tiempo, Lasogga recortó distancias. Elland Road comenzaba a creer en algo grande a pesar de la difcultad. Poco después, Roofe con la ayuda de 33.000 personas empujaron el balón para empatar. El empate era un logro, pero entonces llegó el éxtasis, el momento mágico y que no olvidaré nunca con ese latigazo de Lasogga para remontar el encuentro. Los vellos de punta, Elland Road enloquecía, un ambiente que cuesta describir, justo en ese momento supe lo que era Elland Road.

Todo sabemos lo que ocurrió después, el tremendo esfuerzo titánico pasó factura y aunque el empate se podía ver a pocos minutos del final, lo que  realmente dejó mudo a la parroquia white fue el tanto final del Millwall que dio la victoria a los visitantes. Al término del encuentro, todo el estadio en pie para ovacionar a los suyos, que a pesar de la derrota se dejaron el alma sobre el césped y que me hizo sentir muy orgulloso de ellos.

Tras esta experiencia inolvidable, se reafirma mi amor por el Leeds United y no solo me alegro de haber vivido un partido en Elland Road, si no que volveré porque este amor es eterno y aunque nos separen cerca de 2.000 kilometros, yo seguiré a su lado…¡¡¡MARCHING ON TOGETHER!!!

 

lufc

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